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Trabajar con la magia

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Trabajar con la magia

Mensaje por Zoer el Sáb 26 Feb 2011, 07:31

Antes de que intentes poner en práctica un hechizo, es importante que conozcas primero los principios relacionados con la utilización de la magia y, sobre todo, con la aptitud que has de adoptar frente a ella, puesto que tu forma de introducirte en este mundo determinará su éxito y también tu crecimiento como mago. En caso de que sientas la tentación de saltarte esta sección, permíteme agregar que dejar de realizar el trabajo básico aquí descrito no hará más que repercutir negativamente en tu práctica de la hechicería. Además, es probable que te encuentres en apuros si ignoras los consejos aquí ofrecidos.
Pero no te preocupes, porque no deberás soportar una pesada conferencia sobre el abuso del poder mágico; como notarás en cuanto avances en este arte, la magia no penaliza su uso inadecuado de la forma en las películas y la literatura suelen hacernos creer. No obstante, actúa de tal manera que exige tener la certeza de que los cambios que se pretenden llevar a cabo son realmente beneficiosos para todos los involucrados.
Podríamos describir la magia, por ejemplo, como una conexión. Imagina que todo en el mundo se encuentra conectado a través de hilos invisibles que conforman una serie de redes. A su vez, estas rede se conectan entre sí y crean un patrón multidimensional que describe toda la vida. Pero además de inmensa, esta red es también extremadamente delicada, hasta el punto que un acontecimiento que afecte a una de sus partes repercutirá en el todo. El motivo es que la materia que la compone es espíritu, o quinto elemento, como se lo conoce en la tradición mágica que sustenta la mayoría de los hechizos de este libro. Cuando trabajamos con rituales o practicamos la hechicería creamos nuevos patrones en esta gran red de espíritu, y estas intervenciones deben ser consideradas en un contexto general. En resumen, las preguntas que debemos formularnos antes de pasar a la práctica de los hechizos son aquellas que aseguren que respetaremos el bienestar de toda la red, y no sólo la parte que habitamos. Y, por cierto, ¡no se trata de un modo tan malo de afrontar la vida cotidiana!
Como decíamos, existen ciertas preguntas que debes formularte antes de “hechizar”. Primero y principal, sé práctico; piensa si realmente necesitas un conjuro. La magia jamás debería ser utilizada como una alternativa a la acción material, porque no conseguiría más que hacer perder el tiempo a todos los implicados, evitar que las personas afronten la realidad y generar la falsa ilusión de que sus problemas pueden ser resueltos sin ningún esfuerzo por su parte.
Segundo, pregúntate que necesitas realmente. En nueve de cada diez ocasiones, quien pide un hechizo para el amor en realidad necesita ayuda en otras áreas de su vida. Algunas personas, por ejemplo, creen que encontrar pareja acabará con su inseguridad personal, y otras suponen que conocer a alguien les hará aceptar mejor su propia vida. En resumen, suelen pedir algo que en realidad no necesitan. Pero lo que en verdad les hace falta es un consejo o sanar sus heridas, además de trabajar y esforzarse por regenerar sus recursos internos y su autoestima. Un hechizo para la autoestima puede resultarles muy fortalecedor y completar las medidas prácticas que estén tomando, pero en esta fase de sus vidas lo realmente innecesario es un hechizo para el amor. “¿En verdad necesito un conjuro?” y “¿qué me hace falta en realidad?” son las preguntas que debes formularte antes de lanzarte a la hechicería; así evitaras cometer un error. Sin embargo, existen otros factores que debes tener en consideración cuando trabajes con la magia, y que aluden a la diferencia entre el concepto de magia que prevalece entre la gente y su verdadera forma de actuar.
La magia, como la física, sigue una serie de reglas, y así como algunas resultan bastante obvias, otras lo son menos. Accederás a ellas a medida que avances. A los principiantes se les da a conocer una serie de referencias más comunes de la tradición mágica: la Ley del Triple Retorno. A pesar de que algunos magos la consideran de forma literal y absoluta, como una ley natural grabada en piedra, es más acertado explicar que se refiere a la noción de que aquello que lanzamos al universo regresa a nosotros multiplicado por tres.
Aceptar esta ley a resultado fundamental para algunas brujas y magos que intentan disipar el miedo sobre los “peligros” de su actividad. No existe ningún motivo, pensamos, por el que las brujas y los magos deban lanzar una “maldición” si saben que semejante acción regresaría a ellos multiplicada por tres. Tiene mucho más sentido –o al menos en teoría- recurrir a bendiciones y hechizos para hacer el bien, ya que la magia asegurará que también regresen a nosotros por triplicado.
Se trata de una teoría agradable que ha llevado a cabo un buen trabajo de relaciones públicas para los que nos dedicamos a la magia, pero no es una ley sino un principio espiritual que ha sido tomado demasiado literalmente.
Cuando afirmamos que aquello que “lanzamos” vuelve a nosotros, probablemente no nos equivocamos. Si todos practicásemos buenas acciones, recibiríamos otras tantas. Y, del mismo modo, un comportamiento destructivo engendra un incremento de la conducta negativa en lugar de apaciguarla. De ahí surgen refranes como “La violencia engendra violencia” o, como dice la Biblia: “El que vive por la espada muere por la espada”. El problema es que no se trata de una ley mágica estricta. Cuando alguien se comporta de forma perjudicial, también se hace daño a sí mismo porque no consigue crecer espiritual ni psicológicamente, y al final resulta afectado. Sin embargo, no es comparable a recibir lo que has lanzado multiplicado por tres. Saber que alguien está restringiendo su desarrollo espiritual no es consuelo para quienes sufren el resultado de su pésimo comportamiento. El hecho es que, aunque pensemos que quienes hacen el mal se dañan a sí mismos, no se trata de una ley especifica por la que todo el daño que producen vuelva a ellos por triplicado.
Sin embargo, la referencia al factor causa-efecto resulta extremadamente relevante para la ética de la magia. Así como necesitamos ser cautelosos en nuestro comportamiento cotidiano, también debemos tomar nota de nuestras acciones mágicas. Eso significa que los cambios que pretendemos conseguir tienen que ser sopesados con cuidado, tanto en el contexto de nuestra propia vida como en la de los demás.
No es posible, por ejemplo, cambiar el libre albedrío de otra persona mediante la magia, por lo que nadie debería aspirar a conseguirlo. Quien intenta someter la libertad de otra persona a la suya al final se siente indeciso, confuso y descaminado, porque la carencia que les impulsó a exigir obediencia a otro individuo simplemente se incrementa. Y este libro refleja una ley general: que utilizar la magia con objetivos egoístas no producirá el efecto positivo que la magia ofrece, sino que se centrará en sus deficiencias y las enfatizará todavía más.
A partir de esta noción surge otra ley general de la magia, que se refiere a las propiedades amplificadoras del círculo mágico. La mayor parte de la hechicería tiene lugar dentro de un círculo mágico, un espacio donde la energía surgida de los hechizos queda contenida hasta que madura lo suficiente como para ser liberada hacia el cosmos y actuar. Lo que llevas dentro se magnifica y llama tu atención hasta que le haces caso. Si, por ejemplo, prácticas un hechizo relacionado con la avaricia, la lujuria o la obsesión, la carencia que ha generado esa necesidad en ti simplemente se amplificará hasta que te ocupes de ella.
En resumen, la ética de la magia es de naturaleza práctica y se basa en gran medida en el sentido común. Si entras en el círculo mágico manifestando una actitud de respeto hacia ti mismo y hacia los demás, tendrás éxito en tu cometido y la experiencia te enriquecerá.

_________________
La dos palabras que pueden solucionar todos tus problemas: tiempo y paciencia.
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Zoer
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