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Estaciones y festividades

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Estaciones y festividades

Mensaje por Zoer el Sáb 26 Feb 2011, 07:23

Muchos de los que solemos trabajar en el campo de la magia la consideramos una parte natural de la vida que proviene tanto de nuestro interior como del entorno que nos rodea. La comprensión del lugar que ocupamos en el mundo y el cosmos es nuestra espiritualidad, así que la magia, para nosotros, es una práctica espiritual. Nuestra forma de conectarnos con las energías que encontramos a nuestro alrededor también forma parte de esa práctica, y cuando más estrechamente trabajamos con los ritmos de la naturaleza e intentamos comprenderlos, más nos desarrollamos desde el punto de vista espiritual y mágico.
A fin de familiarizarnos con las energías naturales que participan en los hechizos y rituales, primero debemos reconocer las mareas y las estaciones de nuestro planeta. La correlación entre las fases de la luna y la hechicería es por demás conocida. Sin embargo, los magos más intuitivos y dotados saben que, con el fin de trabajar con las energías de la Tierra, tenemos que asimilar los ritmos planetarios de continuidad y cambio. Eso supone reforzar nuestros conocimientos sobre las estaciones de nuestro planeta, teniendo en cuenta nuestro paso por el sistema solar y experimentando los cambios que tienen lugar a nuestro alrededor independientemente del calendario que cuelgue de la cocina o en la oficina. Conocer los cambios de estación y descubrir viejas tradiciones asociadas con ellos se convierte en el mejor modo de empezar a comprender la naturaleza de la magia, que proviene del mundo que nos circunda.
La rueda del año, desde el punto de vista de las tradiciones mágicas occidentales, está dividida en ocho festividades, todas ellas relacionadas con el flujo natural de las estaciones y los acontecimientos astronómicos. Estas celebraciones suelen ser descritas como ocho rayos en la rueda anual, una imagen que te resultará muy útil si eres nuevo en este tema. En términos estrictos, el año no comienza ni termina, aunque las diferentes tradiciones culturales han determinado uno o dos días para llamarlos “Año nuevo”. Pero dado que el ciclo tiene en cuenta los ritmos de la naturaleza en lugar de las fechas del calendario gregoriano, los comienzos y los fines son considerados parte de las festividades, y también se encuentran vinculados entre sí. Las festividades son una mezcla de acontecimientos solares –solsticios y equinoccios- y festividades del fuego originarias de la cultura celta y nórdica. Las cuatro festividades solares tienen lugar durante el día que marca el acontecimiento astronómico en cuestión: Yule, el día más breve del solsticio de invierno, por lo general el 21 o 22 de diciembre; Litha, el día más largo del solsticio de verano, el 21 o 22 de junio; Eostre, el equinoccion vernal, alrededor del 21 de marzo; Mabon, el equinoccio de otoño, alrededor del 21 de septiembre.


Y se intercalan entre las festividades del fuego, así denominadas debido a la costumbre de encender hogueras en estas fechas: Imbolc, o “leche de oveja”, cae a comienzos de febrero, cuando aparecen los primeros copos de nieve; Beltaine, o Día de Mayo, tiene lugar hacia el 1 de mayo o cuando aparece la flor de mayo; Lammas, o Lughnasadh, llega a comienzos de agosto con la cosecha de granos; y Samhain, o “primeras heladas”, que es la fiesta de los ancestros, se festeja aproximadamente a finales de octubre.
Existen diversas costumbres relacionadas con las ocho festividades estacionales. Cada uno de ellos cuenta con su correspondiente explicación, aunque siempre resulta conveniente contar con información adicional sobre el marco en que se reproducen.
Yule es una antigua festividad que toma su nombre de un término nórdico que aparentemente significa “rueda”. A partir de la alineación de varios monumentos prehistóricos de piedra encontrados en Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda, resulta evidente que nuestros antepasados consideraban que el solsticio de invierno era un componente fundamental de su ritual anual. Sabemos que se celebraba en el siglo IV de la era cristiana, ya que los registros de esa época afirman que la iglesia cristiana declaró expresamente el 25 de diciembre como la fecha de nacimiento de Cristo para persuadir a los cristianos de participar en la festividad pagana invernal, ¡y convencerles de que conmemorasen la natividad!
Durante el día más corto, la oscuridad triunfa sobre la luz. Pero al mismo tiempo sabemos que a partir de ese momento las horas de luz se extenderán, así que el sol “renace”. En algunas regiones, el solsticio de invierno recibe el nombre de “regreso solar” para enfatizar la promesa de días más luminosos. A pesar de que en ese momento las energías solares se encuentran en mengua, Yule es considerada una festividad de luz, esperanza y promesa. En este mundo muchos echamos en falta la luz y el calor, y nos reunimos para iluminar las largas y aburridas noches invernales. Algunos incluso sentimos la necesidad de hibernar, y de ahí surge en el hemisferio norte una frecuente condición de melancolía invernal o “trastorno afectivo estacional”. Se trata de un periodo para penetrar en la oscuridad y buscar el potencial que albergamos. Para los magos que procuran armonizarse con el ciclo de las estaciones, ésta es una buena época para meditar, trabajar sobre el propio potencial creativo y tomar nota de sus sueños, que en esta época del año son más profundos, ricos y vívidos. También es buen momento para reparar en lo que sucede a nuestro alrededor, y para observar el paso de la luna y los puntos brillantes de las estrellas y los planetas durante el invierno. Yule es una estación de contemplación y búsqueda de poder interior.
Imbolc, que señala el momento en que aparecen en Europa los primeros copos de nieve a finales de enero, llega en la época en que nacen los corderos. Esta celebración marca el deshielo de la tierra, que se prepara para plantar y sembrar. Imbolc, es una festividad del fuego de origen celta, también recibe el nombre de Brígida, una adorada diosa del fuego de cualidades sanadoras y también origen celta. Brígida es reconocida por proteger con uñas y dientes a las mujeres, los niños y los animales recién nacidos, así que este período es considerado un tiempo de justicia. Pero también lo es de renovación, cuando el invierno comienza a liberar a la tierra y colma los ríos y los arroyos con las nieves derretidas. Ahora la luz diurna resulta considerablemente más perceptible, y así como Brígida es invocada como matrona de los corderos recién nacidos, Imbolc es considerada la matrona de la primavera.
Esta época resulta muy apropiada para presenciar el despertar de la tierra y sentir las energías que nos rodean e impulsan hacia el surgimiento de la vida, tan característico de la primavera y el comienzo del verano. Imbolc es la estación para empezar a mirar hacia fuera otra vez, después de las prolongadas noches invernales; y eso la convierte en un momento adecuado para iniciar la “depuración primaveral” de nuestra propia vida, anticipándonos a la estación venidera.
Eostre marca otro acontecimiento astronómico, el equinoccio de primavera, cuando el día y la noche tienen la misma duración y se equilibran perfectamente. Por consiguiente, las horas de luz superarán a las de oscuridad hasta el solsticio de verano, cuando el sol triunfe y dé paso a jornadas más prolongadas, Eostre está relacionada con una diosa de la fertilidad que lleva el mismo nombre. Su tótem es la liebre, y por eso los conejos de pascua y los regalos de huevos de chocolate nos remiten a antiguos rituales de fertilidad. Ahora la savia asciende, la tierra vuelve a cubrirse de verde y las horas del día se prolongan poco a poco. En la festividad de Eostre predominan conceptos como el equilibrio, la fertilidad y el crecimiento, y por esa razón se trata de un buen momento para pensar en el equilibrio de nuestra vida y nuestro potencial de crecimiento, aunque también para recurrir al flujo de energía natural que nos circunda. Se trata de una excelente estación del año para meditar con la espalda apoyada en un árbol, intentando percibir que la vida asciende por sus raíces, tronco y ramas. Eostre es también conocida como la festividad de los arboles, una óptima ocasión para conocer las tradiciones, costumbres y conocimiento mágico relacionado con los árboles.
Beltaine, celebrada cuando las flores cubren el árbol de mayo o a partir del atardecer del 1 de mayo, es otra festividad relacionada con la fertilidad. Marca el comienzo del verano y es el nombre del Hombre y la Mujer verdes, Jack in the Green, Robin de los Bosques y Marian. Ahora los espíritus del bosque se han marchado, y el velo que separa el mundo de los humanos y el “otro mundo” celta –tierra de elfos o “hados”- es más imperceptible que nunca. Beltaine es un momento de sensualidad desenfrenada, razón por la cual durante siglos su celebración ha sido evitada por las Iglesias cristianas, mucho más puritanas. Conmemoradas con el uso de símbolos fálicos como el Palo de Mayo (“Maypole”) y las coronas de flores que lo adornan, las Fiestas de Mayo también se caracterizan por sus imágenes de sexualidad, que testimonian sus orígenes como festividad de la fertilidad. La resistencia del pueblo a la prohibición de celebrar Beltaine marca esta fiesta con una tradición de desobediencia a la autoridad. El Primero de Mayo también celebra los derechos de los trabajadores y en las ciudades occidentales se está convirtiendo en una señal de protesta callejera.
Beltaine es un momento para comunicarse con los espíritus del bosque, hacer promesas, sellar compromisos, y honrar la sensualidad.
Litha, el solsticio de verano, celebra el triunfo de la luz del día sobre la oscuridad. La llegada del día más prolongado es celebrada en algunas zonas de Gran Bretaña en círculos de piedra, laderas montañosas o cualquier otro sitio sagrado prehistórico y significativo, y multitudes pasan la noche al aire libre para presenciar juntos la salida del sol. Se trata de un buen momento para que invoques a la fuerza y energía del sol triunfante –Sol invicta- y te encuentres con tus energías salientes en esta época del año es recomendable salir, conocer gente y aprender cosas nuevas sobre el mundo. Es un momento perfecto para las acampadas y para alejarse de las luces de la ciudad, todo lo cual permite apreciar la belleza del cielo nocturno. Gracias a este clima más benevolente también es posible viajar por mar u otras grandes extensiones de agua y armonizar con las energías de las aguas, origen de toda la vida.
Lammas o Lughnasadh marca el inicio de la cosecha de granos. Muchas tradiciones se vinculan con esta festividad, en particular las muñecas de maíz (figuras de paja alusivas de la cosecha) y la expulsión del mal. Durante este periodo en el que el trigo se separa de la paja, podemos centrarnos en aquellos aspectos de nuestra vida que debemos dejar de lado, y también celebrar nuestra cosecha personal. Es buen momento para compartir nuestras bendiciones, y para asegurarnos de que la recompensa de la cosecha nos gratifique nuevamente el año próximo. Esta festividad cuenta con precedentes y costumbres muy antiguos, lo que nos recuerda que muchas de las preocupaciones de nuestros ancestros continúan reflejándose en las nuestras. Para el mago, es el momento de recurrir a la prosperidad de la estación y escuchar a los espíritus de la tierra.
Mabon, el equinoccio de otoño, marca el perfecto equilibrio entre luz y oscuridad. En esta festividad, sin embargo, el equilibrio se vuelca hacia la oscuridad, y por eso encierra cierta tristeza: En la rueda del año, Mabon se encuentra en el oeste, el punto cardinal de la puesta del sol y, para nuestros ancestros, la dirección que emprendían las almas después de la muerte. Es el momento en que nos dirigimos hacia la oscuridad, y recordamos los diversos mitos mundiales que hablan de la fase de oscuridad y esterilidad que el invierno produce sobre la tierra. Se trata de un buen período para viajar hacia la oscuridad con algunos de estos personajes, para encontrar sabiduría y verdad y adquirir conocimientos arcanos. También es conveniente para dejar a un lado la tristeza y colocar el pasado donde debe estar: a nuestras espaldas.
Samhain, en ocasiones descrito como Año Nuevo celta, marca la aparición de las primeras heladas y el descenso hacia los oscuros días invernales. En este período recordamos a los ya fallecidos y honramos a nuestros ancestros. Ahora el velo entre el mundo de los vivos y el de los muertos es muy delgado, e invitamos a los espíritus a visitarnos. Samhain está considerado un buen momento para la adivinación, y durante esta época del año nuestros sueños se tornan más vívidos y reveladores. Se trata de una estación que nos ofrece la oportunidad de explorar nuestras habilidades psíquicas en desarrollo y de encontrar un espacio en el cual considerar nuestra propia mortalidad. Las fuerzas misteriosas que nos rodean en esta fase nos recuerdan los misterios de la vida y la muerte, además de nuestra conexión con todos los seres vivos. Sin lugar a dudas, se trata de un buen momento para considerar la naturaleza de la muerte y cuestionar nuestras creencias.
Sintonizar con los ritmos y las mareas de la tierra mientras recorremos el sistema solar se convierte en una magnífica forma de desarrollar nuestras aptitudes mágicas. Si trabajas con el ciclo solar, notando las fases de la luna y los planetas, llevas camino de convertirte en uno de “los sabios”, es decir, en un experto en la utilización del poder que descubres dentro de ti y también a tu alrededor.

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La dos palabras que pueden solucionar todos tus problemas: tiempo y paciencia.
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